17 abril 2007

Tristes guerras...

Hoy, 17 de Abril, no espero nada, nada, nada... Si gestos como el de Miguel Hernández, esperanzas como la suya, son relegados al abismo enigmático del olvido entonces que más da ya todo...

Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.

Tristes armas
si no son las palabras
Tristes, tristes

Tristes hombres
si no mueren de amores
Tristes, tristes

16 abril 2007

Manifest de l'antifilosof

L’idealisme platònic i l’existencialisme de Sartre. Hume i Kant. Diferents models per representar la mateixa veritat, una veritat que no existeix i que per tant sempre es certa -i falsa, certament-. Una perfecció inassolible per infinita.

Escoltem, confrontem opinions, llegim, assimilem, creiem que entenem i al final construïm el nostre propi model, fins que una nova perspectiva, un nou model ens obliga -si som prou valents- a replantejar-ho tot. Algú podria dir que així funcionen les coses, q així evolucionem, però cap on? en quina direcció? Si la meta es inassolible, infinita… importa en quin punt del camí ens quedem?

L’antifilosof (o potser el meu antifilosof) no camina en cap direcció, ja que la veritat es inabastable, no cal caminar. La veritat es un cercle d’infinit radi, on tots els punts del camí estan a la mateixa distancia del centre. Deixar de filosofar per poder arribar a ser un verdader filosof, aquesta es l’essència, la contradicció.

Deconstruïm els models, tornem al més bàsic, el mes íntim del nostre ésser. Allà, amb la visió d’un infant, sense prejudicis, mirem el mon amb la il.lusió de saber que mai el comprendrem.

12 abril 2007

A qué se debe, debe,...


Dos luceros negros
revuelven y anudan,
a un tiempo,
mi sentir, mis emociones,
ahora arriba, ahora abajo,
alegría allí, tristeza aquí,
y son palabras aladas
que no flechas envenenadas
las que alcanzan
mi espíritu.

A qué se debe, debe,
a qué sabe ese frío helado
que anuncia el verano,
rosa, blanco y dulce...

Y qué tenían esos tochos,
esos que se alzan
en el regazo, en el vientre,
de dos líneas infinitas
camino del horizonte.
Bajo esa reliquia,
estabas tú, yo te ví, sí, a tí,
que no a un espectro.

Y esa Iglesia
de barrio obrero,
sin ley,
otrora roja y comunista,
frente a ella te me alzas
sobre mis hombros,
con tacones
que no alcanzo.

Y miro, y no me miras...
¿Silencio? ¡No! ¡Imposible!
Las palabras no pueden parar...
nunca, nunca, nada...

Y esos pasos de aquí a allá,
de allá para aquí,
de banco a banco,
ahora éste, ahora aquél,
flotando el tiempo,
suspendiendo el frío.
¿Era Venus?
No, un satélite.

¿No es alcanzable lo infinito?
¿No se puede ser libre?
Qué tendrá la libertad
que nos da miedo,
que le ponemos límites
cercos, muros,
que devenimos siempre,
siempre, esclavos
de esto, de aquello,
de lo otro.

09 abril 2007

En lo del deber...













En lo vacío y en lo entero,
en lo que poseo,
hay algo de más.
No debo.
Me había perdido
lo único certero
y sin querer escuchar
abandonaba el cuerpo.
¿Por qué no existe
lo venidero?
La poesía tirada,
quizás abandonada,
en lo vacío y en lo entero,
en lo que poseo,
hay algo de más.
No debo.

Para la tristeza, no hay consuelo.
Y sin embargo,
no debo.

06 abril 2007

Raíces de la moralidad en conducta de primates

Os transcribo este artículo aparecido ayer en EL PAÍS. ¿Surge la moralidad, y por extensión la conducta social, de la nada o evolucionó a partir de las emociones, también presentes en los primates?

Abril 01, 2007 Por NICHOLAS WADE

Algunos animales son sorprendentemente sensibles a los problemas de otros. Chimpancés, que no saben nadar, se han ahogado en fosos de zoológicos por intentar salvar a otros. En vista de la posibilidad de obtener alimento al tirar una cadena que también daría una descarga eléctrica a un compañero, monos rhesus pasarán hambre durante varios días.
Biólogos sostienen que éstos y otros comportamientos sociales son los precursores de la moralidad humana.
En un libro reciente, “Primates and Philosophers”, el primatólogo Frans de Waal se defiende de filósofos que critican su opinión de que las raíces de la moralidad pueden ser vistas en el comportamiento social de monos y simios.
De Waal, director del Centro Living Links en la Universidad Emory de Atlanta, sostiene que todos los animales sociales han tenido que restringir o alterar su comportamiento de diversas formas para que la vida en grupo valga la pena. Estas restricciones, evidentes en los monos y aún más en los chimpancés, también son parte de la herencia humana y, de acuerdo con su opinión, forman el grupo de comportamientos a partir del cual se formó la moralidad humana.
Sus opiniones están basadas en años de observar primates no humanos, que iniciaron con su trabajo acerca de la agresión realizado en los años 60. Entonces se dio cuenta de que, después de luchas entre dos combatientes, otros chimpancés consolaban al perdedor. Descubrió que la consolación era universal entre los grandes simios. Para consolar a otro, sostiene De Waal, se necesita empatía y un nivel de conciencia de uno mismo que sólo los humanos y los simios parecen tener. Y estudiar la empatía rápidamente lo llevó a explorar las condiciones para la moralidad.

La vida social requiere de empatía, especialmente evidente en los chimpancés, además de maneras de acabar con las hostilidades internas. Cada especie de simio y mono tiene su propio protocolo para las reconciliaciones después de las peleas, descubrió De Waal. Si dos machos no hacen las paces, con frecuencia chimpancés hembras reunirán a los rivales, como si sintieran que la discordia empeora su comunidad y la vuelve más vulnerable a ataques de vecinos.
De Wall cree que esos actos se realizan por el bien de la comunidad y son un precursor significativo de la moralidad en las sociedades humanas.
Él se ha enfrentado a muchos críticos en biología evolutiva y psicología al desarrollar sus opiniones, y su público más reciente son los filósofos morales. A Philip Kitcher, filósofo de la Universidad de Columbia, le gusta el enfoque empírico de De Waal. “No tengo ninguna duda de que hay patrones de comportamiento, que compartimos con nuestros parientes primates, que son relevantes para nuestras decisiones éticas”, declaró.

Muchos filósofos creen que el razonamiento consciente tiene un importante papel para guiar el comportamiento ético humano y, por lo tanto, no están dispuestos a permitir que todo se genere en las emociones, como la compasión, que puede ser evidente en los chimpancés.
El elemento imparcial de la moralidad proviene de una capacidad para razonar, escribe Peter Singer, filósofo moral de la Universidad de Princeton, en “Primates and Philosophers”. Él dice: “La razón es como una escalera eléctrica, una vez que nos paramos en ella, no podemos bajarnos hasta que hayamos llegado a donde nos lleva”.

Los filósofos tienen otra razón por la que los biólogos no pueden llegar al corazón de la moralidad, y es que los análisis biológicos no pueden cruzar la brecha entre “es” y “debería”, entre la descripción de algún comportamiento y la cuestión de por qué está bien o mal. “Se puede identificar algún valor que tenemos y contar una historia evolutiva acerca de por qué lo tenemos, pero siempre está la cuestión radicalmente diferente de si deberíamos tenerlo”, afirmó Sharon Street, filósofa moral de la Universidad de Nueva York.
“No estoy seguro de qué tan realista sea la distinción”, dijo De Waal. “Si un animal joven está en una pelea, la madre debe defenderlo. O al compartir la comida, los animales se presionan unos a otros, que es el primer tipo de situación de ‘debería’”.

30 marzo 2007

Por un marxismo romántico y melancólico

Para los lunáticos del Club que mejor que un Marx apegado a la melancolía, mirando a lo alto, allí donde se encuentra la Luna llena...

Descartes, en su búsqueda de un ámbito de certeza, esto es, un ámbito donde pueda afirmarse de algo que es y qué es sin ningún género de duda, llega a la conclusión de que dicho ámbito es la extensión. Así pues, sólo en la medida que reducimos los contenidos del pensamiento a matemática, a relaciones cuantitativas, a figuras, etc. obtenemos un conocimiento verdadero de la realidad y, a un mismo, tiempo damos con la construibilidad de la realidad misma. Este es el llamado Principio Moderno que empieza a regir el espíritu de los tiempos de Descartes de ahí que el francés lo expresara magistralmente.

Este Principio con la Ilustración y el establecimiento definitivo del capitalismo atravesará toda nuestra realidad social en forma de maquinismo industrial, automatismos por doquier, periodizaciones temporales de todas nuestras experiencias vitales, dando con las relativamente recientes tecnologías del bit, esto es, del cero o el uno, del sí o el no donde el argumento brilla por su ausencia, etc. Sin lugar a dudas, todo este proceso de afirmación de la cantidad, de colonización por parte del cálculo de todas nuestras dimensiones vitales, esta expansión sin límite de la racionalidad que diría Weber, llevará, en última instancia, a la pérdida de otras dimensiones humanas, al vacío axiológico, a la falta de valores y contenidos con los que dotar de sentido a la existencia, a la desustancialización de nuestro existir, al universalismo frente a lo particular, a afirmar lo racional, el cálculo egoísta, el interés, frente a los sentimientos, la interioridad, a menospreciar lo enigmático, lo inexplicable, etc.

Desde finales del siglo XVIII, el romanticismo será la principal reacción contra todo este desencantamiento racionalista del mundo. Los románticos afirmarán la importancia de los sentimientos y las emociones frente a lo que ellos consideran el racionalismo escueto de los ilustrados, reivindicarán melancólicamente un pasado perdido repleto de valores, idolatrarán algunos de ellos la Edad Media, afirmarán el individuo frente a la pérdida de éste en los nuevos universales aparejados a los agentes sociales del capitalismo, se decantarán por una libertad con pretensiones de absoluto frente a la inserción del individuo en una maquinaria social asfixiante que coloniza incluso nuestro interior, etc. Surgirá así un romanticismo tradicional que anhela un vuelta al pasado pero también otro tipo de romanticismo que mirando atrás, a lo perdido por el proceso racionalizador capitalista, pensará el futuro, la utopía, el porvenir. Este último romanticismo es el que puede entenderse como una parte inherente a la obra de Marx y Engels.

Bajo el capitalismo todo este proceso desencantador tiene su expresión genuina en la afirmación del valor, del valor de cambio, frente al valor de uso. Es más, todo el despliegue de la substancia-sujeto del capital, toda la ilusión metafísica constitutiva de la realidad capitalista, se despliega conforme a la lógica hegeliana triádica de dicho valor. Al capitalista le es indiferente vender un peine a un calvo que a alguien que tenga pelo, para él lo importante es el valor que encierra la mercancía peine, cerrar el círculo sitémico hegeliano del capital, no su valor de uso concreto para una u otra persona. Nuevamente vemos la afirmación típicamente moderna de la cantidad en detrimento de las propiedades positivas de la mercancía, en contra de su valor de uso. Así pues en El Capital de Marx asoma de manera implícita cierta crítica romántica al capitalismo. Marx, por tanto, realiza una inversión nostálgica, apela al valor de uso, al universo simbólico, a la imagen, al apego sentimental hacia la cosa, hacia todo aquello que era preeminente en las sociedades precapitalistas frente al valor de cambio, frente a la estricta racionalidad cuantitativa, frente al automatismo enajenado, frente al cálculo vil y egoista del burgués. Ahora bien, esta crítica al Principio Moderno negador de todo mundo axiológico, de todo encantamiento, es una mirada melancólica al pasado (recordar si no por ejemplo el interés de Engels por las comunidades del llamado comunismo primitivo como ejemplos éticos de vida igualitaria y antiautoritaria), es un poner la vista en el pasado pero no de forma reaccionaria sino con vistas a pensar el futuro, es un intento de nuevo cierre circular hegeliano fuera del espacio mercantil, una propuesta de lucha por superar de la modernidad que no es simple vuelta al pasado sino mirada atrás, al mundo no enajenado, no escindido, para desplegar en el presente las potenciales contrariedades que apunten a una nueva reconciliación: el Reino de Dios sobre la tierra.

26 marzo 2007

Como hoy me siento un poco Román Maldonado, he decidido poneros esta foto a los del club de la luna llena (que es casi como la de avellaneda).
Gracias por haberme invitado y os dejo también unos versos como prueba de mi fidelidad al club. Un beso a todos.


... Es un día de calma.
Quiero que lo repitas desde allí,
allí, para que grabes
en la madera limpia de tus remos:
Quien no quiso caer en la mentira,
no sea injusto desde la verdad.

Luis García Montero, Día de Calma, en Las Flores del Frío (1991)

23 marzo 2007

Voces desde lo desconocido...

De una nueva amiga que ha entrado en nuestro lunático mundo caída de no sé qué astro lejano...


Voces desde lo desconocido de nuestra corporeidad, preguntas iniciadas con un "por qué", preguntas que generan preguntas... las que más nos cautivan, las que nos son más importantes, las que dotan de sentido a las cosas y las que, a un mismo tiempo, son más difíciles de contestar, tan difíciles que carecen de respuesta...

18 marzo 2007

18 de Marzo

Una fecha señalada este 18 de Marzo, señalada porque repleta está de pérdidas y faltas, llena de otros sentimientos que no vienen al caso, señalada para mí porque estoy más solo que la Luna...

Dos ideas sólo quiero lanzar al viento, a esos remolinos que ruedan y ruedan, que todo se lo llevan, lo mejor y peor de nosotros mismos, nuestros recuerdos, nuestras vivencias, los sueños, las angustias y los sufrimientos.

La primera idea es que si pudiera volver a elegirme, eligiría sin dudar lo mismo, nuevamente me abocaría por esos senderos de juventud inhóspitos, inexplorados, que no mostraban su fin, que no daban pista de sus atajos y desvíos. Sí, repetiría lo andado, aún sabiendo que daban con esta vida que ahora tengo, aún con la conciencia de que mis pasos firmes avanzaban a este infierno de martirio, vacío y ausencia de sentido. ¿Por qué? Porque qué más da el fin si siempre es el mismo, ineludiblemente, nada, nada, nada...

Por tanto, y con ello arranco de mis entrañas mi segunda idea aún a costa del dolor más tremebundo que pueda imaginarse, mejor quedarse siempre en lo andado, mejor andar con la mirada puesta en los zapatos propios, sin levantar cabeza, sin alzar la vista a ese horizonte en que habitan los sueños por los que uno acaba precipitándose en abismos infinitos. La mirada fija, siempre puesta en la punta de tus zapatos y que, paradójicamente, si es posible, ello no te impida querer o, como mínimo, haber querido.

Y sin embargo...

08 marzo 2007

¿Alguien puede prestarme una única certeza?

¿Cuál es la más peligrosa de las enfermedades? Posiblemente sea la melancolía... esa acompañante incansable de la Luna...

Sólo pido una certeza sobre la cuál sostenerme, sobre la que pueda apoyarme, que muestre sin mácula de duda que vale la pena existir, persistir en el ser, no perderme en el abismo de la nada, algo por lo que pueda sobrevivirme sin culpa alguna, sobrellevar este hastío diario, aguantar las noches eternas de oscuridad infinita, escuchar el silencio atroz e implacable de la soledad, perdurar en las palabras y sus significados...